Una habitación con vistas al mar

aaEse ambiente tan familiar. Estamos justo donde siempre estuvimos, pero demasiadas cosa han cambiado como para que seamos los mismos. Conocimos a las personas adecuadas, dejamos ir a las incorrectas, pero siempre nos quedamos con la esencia de los que se fueron. Ese dolor, esa traición, esa amargura, todo eso tan solo nos ha llevado al mismo lugar de siempre, a ese lugar en el que, juntos en solitario, meditamos todas las cosas que nos han traído hasta aquí. Cada casualidad, cada error, aunque, sobre todo, cada persona. Una persona es lo único capaz de cambiarnos, para bien o para mal, por ello, debemos obligarnos a conocerlas, por mucho que duela luego dejarlas ir. Me arrepiento de muchísimas cosas en esta vida, pero, a día de hoy, sentada con ellos en esta habitación con vistas al mar, puedo decir que, sin lugar a dudas, no cambiaría por nada a ninguna de las personas que me hicieron daño, porque, gracias a ellas, nací yo.

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